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miércoles, 22 de abril de 2009

LLUVIA VERDADERA Y LAGRIMAS FALSAS






Por Juan Ángel Gómez Cano

La Semana Santa es un cúmulo de sensaciones que, en muchas ocasiones, son difíciles de explicar. En el pasado año 2007, muchas de ellas salieron a flote y nunca mejor dicho, “a flote”, por la gran cantidad de líquido que, en todos los sentidos, corrieron por nuestra geografía. A la lluvia caída durante la Semana Santa más atípica de cuantas muchos de nosotros recordamos, se unió las lágrimas que cientos de cofrades dejaron caer al sentirse impotentes ante la situación anómala que se daba en ese momento. Pude ser testigo por mi trabajo de los instantes más bellos y de recogimiento jamás recogidos por mi cámara y también de aquellos que tan solo afloraban al sentirse grabados. Muchos de ellos realmente emotivos. Aún recuerdo la desilusión de los más pequeños de una u otra cofradía al contemplar que el cielo no daba tregua para la salida de sus titulares o el de aquellos costaleros o miembros de las bandas que veían que los meses de ensayo para compartir unas horas con sus imágenes se venían abajo por el agua. Y es que a veces nuestro sentimiento hacia las sagradas imágenes va más allá de lo insospechado. Niños, jóvenes y adultos se unían por unos instantes en el desconsuelo de dejar de procesionar por culpa de las inclemencias meteorológicas, y mira por donde, este año 2009, tres fuimos las cofradías entorpecidas por la lluvia, Caída, Expiración y Angustias. Pero siempre me hago una pregunta ¿El resto del año tendrán el mismo sentimiento? Cierto es que la procesión es el momento más esperado por un cofrade a lo largo del año, pero también cierto es que debemos de tener en cuenta que las imágenes de nuestro titular no solo están para la procesión rutinaria de cada Semana Santa, el resto del año también pueden ser visitadas por los cofrades y hermanos en la Capilla donde estén ubicadas. Desgraciadamente, muchos de nosotros tan solo nos acordamos de ellas para el desfile procesional. En muchos de los casos las lágrimas derramados son sentidas y espontáneas, pero aseguraría sin miedo a equivocarme que otras son mediáticas y propagandísticas de cara a la galería, pues por suerte las diferente cadenas televisivas y los medios escritos en muchas ocasiones ofrecen la imagen del desconsuelo humano como recurso importantísimo del trágico percance de no desfilar por las calles de un pueblo a causa de la lluvia. Las lágrimas siempre venden en ese momento. No digo con esto que todo sea una falsa, pero duele ver como un objetivo capta la imagen de los descritos porque el protagonista te llama para que reflejes su instantánea llorando. En cambio, los verdaderamente derrumbados por la causa meteorológica se esconden en un rincón buscando el consuelo e intentan no ser captados para recogerse ante sus titulares sin mayor publicidad. Por suerte son la mayoría.

Por otro lado, los hay que procesionan como si de un desfile al más puro estilo Cibeles se tratara, maqueados hasta los topes. En este sentido el sector femenino se lleva la palma, en un número por suerte no muy excesivo pero notorio. Me refiero a aquellas cofrades que perfilan su maquillaje como si de un alto acontecimiento festivo se tratara. En algunas ocasiones pasan desapercibidas pero tras la lluvia de agua y lagrimas, el rimel se convierte en mancha negra que resalta la cara al más puro estilo churretoso. No crítico pero si advierto que desfilar con nuestro titulares no es un salón de belleza para resaltar nuestro físico, sino para hacer una penitencia que en muchas ocasiones resulta cargada por el maquillaje abusivo que se utiliza. Más aún cuando por cuestiones sentimentales y de desconsuelo las lagrimas empiezan a aflorar. El atuendo es muy importante a la hora de desfilar con nuestros titulares, por lo tanto intentemos cuidarlo. En innumerables ocasiones más de uno/a ha sido reconocido/a en la fila del guión por representante rabillo de los ojos tras los orificios del capuz. Utilizando el maquillaje hasta para ir con capirucho. Y si llevas un atuendo para el desfile que no precisa capirucho mucho peor.

La Semana Santa de 2007 y 2009 en mi cofradía, dejo muchas imágenes para el recuerdo, para la historia, para ver el sentimiento verdadero del cofrade, para sentirnos desconsolados ante la climatología adversa, para representar un papel que no es el nuestro ante los objetivos o para valorar con más ganas que nunca la verdadera devoción hacia nuestros titulares. Esperemos que en próximas Semana Santas, el recuerdo de las pasadas solo sea eso, un recuerdo para la historia y que todas nuestras cofradías puedan desfilar, con algún que otro matiz, pero procesionar con el esplendor que le caracteriza. He dicho.